miércoles, 27 de mayo de 2009


Instrumento puro y sin sentido,
Único lince montés de seis garras,
Espejo de sueños, monitor de la razón,
Inconciliable mensajero del Olimpo.
Guitarra onírica,
Que en tus cuerdas escondes los mundos,
Y tu cintura despierta en mí la naturaleza endémica,
La fiel figura imposible de la libertad.

Tu silueta de fértil musa discontinua,
Tu voz de plata latina oriental,
Tu razón de tomar mis brazos como los tuyos,
Plasman en tu abdomen mi verdad.

Tus brazos inconclusos muestran el fin de tu deseo, diosa narcisista del ego, Venus de Milo, ¿Qué razón ha de existir en esta falta, sino para que algún otro indefenso toque, como con tus propias manos la belleza de tus cuerdas y engendren así juntos la cúpula de tu deseo?


Tomo tu cuerpo por la cintura, tu cabeza se inclina con suave elasticidad de tela y tu cuello espera ansioso la seductora prisión de una llave de Fa. Con tu mano derecha pones la mía sobre tu abdomen y con suaves caricias comienzas a blasfemar indisolubles voces multiformes.


Un sonido total, una armonía perfecta, un canto oscuramente femenino, un continuo flujo de símbolos que dejan en vergüenza al lenguaje.

La historia de una vida (como una miga).

Soy un vagamundo, tan solo me falta la mujer hermosa para recorrerlo todo, la libertad y conquistar esta patria fracturada. Sin búsqueda de éxito pretendo forjar mis sueños, ¿Cuantas líneas, versos, días, suspiros quedan para lograr el cometido? En estos diez lentos años de mi vida y cuestionable consciencia, la prisa no ha procurado demasiado y es que la prisa es un monstruo que subyuga, y cuando ya es tarde morimos la vida y vivimos la muerte.

Anoche maté a Guevara, siendo riguroso en esto, me pareció sencillamente perfecto. No tenía nostalgia de su historia, ni de sus logros. Tenía nostalgia del recuerdo que aquello producía: los defectos, el trato humilde es lo que siempre echaré de menos.

Así como en la isla, pescadores de certeza que se alimentan del desconcierto y redes noctambulas que ahorcan estrellas aturdidas por el desgarbado sol insular.

Yo seguiré embarcado en esta lancha pesquera, porque el pescador no es solo un guerrero, un kaweskar, ni un piel de hueso. El pescador es existencia, el pescador es solo pescador, ya que en si mismo se esconden los mundos, prescindiendo incluso a veces del pensamiento.Esa es la idea de trascender.

No sé porque me da tanta pena leer esto, por ahora seguiré tirando éstos, mis pensamientos a la basura.